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La sociedad de la urgencia
Cuando el año pasado el coronavirus fue declarado oficialmente una pandemia y urgió recluirse para prevenir el contagio, en muchos (si es que no en todos o en la mayoría de nosotros) cambió la percepción del tiempo. Se nos hizo más lento. Estábamos acostumbrados al vaivén rutinario, a las prisas, al correr de un lado a otro como estilo de vida, a la rapidez. Habíamos normalizado andar a las carreras y a que las horas se nos fueran sin apenas notarlo. Pero de pronto eso cambió. Quedamos encerrados dentro de nuestras cuatro paredes. Y no hubo más opción que concentrar cada entorno seccionado de nuestra vida en un único espacio. Se diluyeron las fronteras. Los entornos se mezclaron al tiempo que afuera todo parecía paralizarse, o al menos así fue en un inicio mientras buscábamos adaptarnos. Pero esa lentitud aparente, más allá de hacerse permanente, también se esfumó.
El mundo comenzó a acelerarse de nuevo cuando la tecnología nos dio continuidad. Fue entonces que comenzamos a vivir incluso más hiperconectados que antes. Las juntas laborales, las clases, incluso las reuniones sociales y familiares se redujeron al tamaño de un aparato. Nuestras vidas siguieron su curso en el mundo virtual. Porque si antes de la pandemia ya la tecnología tenía una importancia vital en el vivir diario, durante ella se instaló por entero en nuestra cotidianidad para mantenernos enlazados con el mundo. Apagar el teléfono o apartarnos de él se volvió en muchos casos motivo de ansiedad. Nos arropó la incertidumbre. Volvimos muchísimo más habitual la actualización constante de la información en un mundo tan volátil como incierto. No queríamos quedarnos atrás. No seguir aquel ritmo sería como apartarnos de todo. Y la idea de quedar a la deriva o excluidos en un presente acelerado se hizo impensable. De allí que entronáramos lo inmediato, la instantaneidad de las respuestas y la urgencia perenne a toda hora. Todo tenía que ser para ya. De otra forma la vida “saldría corriendo” fuera de nuestras manos y de nuestro control. Pero sin límites espaciales o temporales para atender a las responsabilidades diarias, el estrés y el agobio se hicieron estables en medio de aquel eterno movimiento veloz. ¿En qué se convirtió la pausa sino en un impedimento para ser más productivos?
Como ha apuntado en muchas de sus obras el filósofo surcoreano Byung-Chul Han, la sociedad del siglo XXI es la sociedad del rendimiento. En ella están trazados el provecho y el beneficio como norte, por eso continuamente deseamos hacer más para rendir más. Porque en nuestra cultura, parece que hemos asociado la noción de éxito con la ocupación constante, mientras que a la idea de productividad la volvimos inversamente proporcional a detenerse. Y, dado que vivimos en una época en la que todo es cambio permanente, rápido e impredecible, la velocidad se convierte en obsesión. Corremos una eterna carrera contra el tiempo tratando de abarcarlo todo y nos angustiamos cuando no logramos atender todo aquello que, según nosotros, deberíamos.
Esa necesidad de prisa encuentra su caldo de cultivo en las redes sociales y en las aplicaciones que usamos a diario. Para muestra, un botón. Un ejemplo lo encontramos en la herramienta que comenzó a funcionar en WhatsApp desde finales de abril de este año. La capacidad de agilizar la velocidad de reproducción de los audios fue una actualización que los usuarios recibimos con agrado. Pero mientras celebrábamos el poder reducir el tiempo incluso a la mitad, sin darnos cuenta también comenzamos a perdernos de muchos detalles, de los silencios y de los colores reales del discurso por el apuro de atrapar el jugo del mensaje sin escuchar al otro. A pesar de eso, no estoy negando la utilidad que puede llegar a tener en muchos momentos. ¿Pero hasta qué punto, en esta modernidad veloz en la que vivimos, no nos habremos vuelto más impacientes?
En su artículo Vivir a velocidad 2.0: los audios de WhatsApp, el investigador y docente argentino Exequiel Alonso reflexiona sobre los profundos cambios que hemos experimentado en nuestros modos de vivir y en nuestra manera de pensar el presente y la productividad. Justamente, parte de la actualización de la aplicación de mensajería instantánea para cavilar, entre otras cosas, sobre esa sociedad de alta velocidad en la que vivimos. Aun en nuestro ritmo frenético, pervive esa sensación de que debemos ir mucho más rápido, de que son inconcebibles los “tiempos muertos” y de que el contenido debe ser consumido de forma voraz (lo más rápido que se pueda) dada su excesiva abundancia. La rapidez impregna cada espacio de nuestras vidas. Y Alonso se pregunta si acaso la industria del entretenimiento y las plataformas digitales no nos habrán estado entrenando para deglutir la enorme cantidad de contenido en poco tiempo, sin oposición.
El caso de WhatsApp no es el único. ¿Quién no se ha valido de la opción de ajustar la velocidad de reproducción de los videos en YouTube o quién nunca adelantó ninguno para saltarse esos minutos que consideró innecesarios? Nos hemos acostumbrado al contenido de consumo rápido. Es algo que podemos ver en TikTok, una aplicación que permite compartir videos cortos que no sobrepasan el minuto, o también en los famosos reels de Instagram (herramienta con la que los usuarios pueden subir o grabar clips de hasta 60 segundos de duración).
Las diferentes plataformas y redes sociales han alimentado esa prioridad que tanto ahora le damos a lo inmediato y a la hiperactividad. Fomentan la circulación continua de información sin darnos ninguna pausa. Y, sin apenas percatarnos, quedamos atrapados en un bucle que absorbe por entero nuestra atención. ¿Quién no ha experimentado la sensación de que el tiempo vuela cuando las usamos? ¿A quién no se le ha ido una tarde entre video y video, o quién no ha quedado sumergido entre la vorágine de estímulos permanentes? Al contenido que consumimos de forma fugaz le sigue otro, y así sucesivamente. Las plataformas proscriben el aburrimiento, porque la información en ellas nunca se agota. Y, de esta forma, desplazan el malestar que nos produce la pausa.
No es algo gratuito o sin fundamento. Se les hace importante nuestra atención. Tal como explica Alonso en su artículo Silicon Valley: un monstruo grande que pisa fuerte, las plataformas se lucran en buena medida de la extracción sistemática de datos. El tiempo que pasamos consumiendo contenido en ellas se convierte en datos que, tras ser procesados, son traducidos en conocimiento. Por eso se vuelven tan adictivas, porque le damos forma a sus algoritmos con eso que precisamente nos engancha. No nos van a arrojar nada a lo que antes no reaccionamos de forma favorable. Acaparan nuestra atención con información extraída de nuestros hábitos de consumo.
Lo anterior contribuye a un modo de vida que prioriza el consumo y la gratificación instantánea, y vuelve empresa difícil no mantenernos distraídos. De allí que nos hayamos acostumbrado a la hiperestimulación y que nos produzca cierto vacío el no estar ocupados. La quietud la llenamos de capítulos de series, de películas, de videos, de cualquier cosa que calle el ruido que nos produce el silencio. En esta era del streaming, nos cebamos de contenido. No hay pausa ni deseos de aplazar el placer. Y como es algo sucesivo en tanto no se detiene, no lo degustamos. Porque enseguida lo sucede otro que lo desplaza. Esa forma compulsiva de consumir dificulta la reflexión.
Todo lo descrito antes son síntomas de lo que el filósofo y ensayista polaco Zygmunt Bauman calificó como la “sociedad moderna líquida” en sus trabajos. En ella, la vida que mantienen sus miembros es líquida en el aspecto en que nada conserva por mucho tiempo su forma. Los cambios se producen a una velocidad vertiginosa, porque se persiguen a perpetuidad. Y eso da lugar a siempre nuevos comienzos y finales. Bauman reflexiona al respecto en su obra Vida líquida (2005). Para el también sociólogo, “la vida en una sociedad moderna líquida no puede detenerse” (p. 7). Aquello no solo genera inestabilidad, sino también una incertidumbre constante que nos sume en estados permanentes de ansiedad. Siempre hay ansias de renovación, de innovación. Todo se hace desechable (en todos los ámbitos de nuestra vida) y todo rápidamente deja de ser útil mientras convivimos aterrados con la amenaza insistente de quedarnos atrás. El filósofo desarrolla la razón de este miedo en su libro:
Las más acuciantes y persistentes preocupaciones que perturban esa vida son las que resultan del temor a que nos tomen desprevenidos, a que no podamos seguir el ritmo de unos acontecimientos que se mueven con gran rapidez, a que nos quedemos rezagados, a no percatarnos de las fechas «de caducidad», a que tengamos que cargar con bienes que ya no nos resultan deseables, a que pasemos por alto cuándo es necesario que cambiemos de enfoque si no queremos sobrepasar un punto sin retorno. (Bauman, 2005, pp. 5-6)
Permanecemos en movimiento dada la inestabilidad y caducidad de lo que nos rodea. Nos decimos que hay mucho por hacer, mucho por ver, mucho por consumir y pensamos que, si aceleramos nuestro ritmo, ahorraremos el tiempo. Pero es una ilusión. Mientras más rápido vamos, más rápido pasa. Incluso el multitasking como práctica para supuestamente aprovechar los minutos resulta engañoso. En entrevista que le realizó el periodista y conductor de televisión Alejandro Fantino para el programa “Animales Sueltos”, el biólogo, escritor y profesor argentino Estanislao Bachrach habló sobre los dos tipos que existen: el multitasking físico y el multitasking cognitivo. El primero (que tiene que ver con la capacidad de hacer varias cosas a la vez siempre y cuando se utilicen áreas distintas del cerebro) es posible, mientras que el segundo (que usa la parte racional del cerebro para varias actividades) no lo es. Bachrach comenta que, contrario a lo que se cree, no se están haciendo varias tareas al mismo tiempo sino que nuestro cerebro atiende una sola a la vez, de forma intermitente, durante esos bruscos y desenfrenados cambios de atención. Expone que, lejos de ser más efectivos, terminamos más cansados y nos tardamos más.
“Estás cansadísimo, porque estuviste prendiendo y apagando la máquina todo el tiempo, a mucha velocidad (…) No se puede. Prendés y apagás, prendés y apagás. Parece que sos eficiente, parece que sos productivo, pero en realidad sos más lento y te equivocás más veces”, sintetiza el profesor.
Sobresaturados de información, día tras día nos preocupamos por el paso del tiempo. Sentimos que no nos alcanza, que la vida se nos escapa y que necesitamos abarcar más para no perder las oportunidades de nuestros “mejores años”. Pero no nos percatamos de que es precisamente por la falta de pausa que la vida se escurre. Lo que se vive sin paladearlo (sin darle su tiempo) no se vive. El cambio continuo y rápido de atención impide que veamos más allá, que alcancemos un entendimiento más profundo de lo que captan nuestros sentidos, del mundo y de lo que sucede en nosotros.
Sobre eso, leí en una ocasión que la razón exige demora. Y la demora es hermana de la pausa, que es madre de la introspección. No se trata de enemistarse con las redes sociales o de permanecer en un estado vegetativo hasta el final de nuestros días. Se trata de comenzar a vivir más despacio, más conscientes, más presentes en el momento. Hay que aprender a soltar el teléfono, a apagar el televisor y a desconectarnos de vez en cuando. No sigamos convirtiendo nuestra atención en esa mercancía que le cedemos al mejor postor sin acaso darnos cuenta. Aprendamos a decir basta cuando nos encontremos a nosotros mismos sumergidos en un mar de estímulos externos. Convivamos con nuestros silencios, regresemos al aburrimiento. No nos dejemos arrobar por la necesidad febril de estar ocupados. Porque no hacer nada también está bien.
En una entrevista que le realizó el escritor español Amador Fernández-Savater, el filósofo italiano Franco Berardi defiende esta idea. Ante el “miedo a la percepción de que la vida se nos está escapando y no la vivimos”, Berardi propone que “la buena vida puede ser volver al aburrimiento”.
“Volver al aburrimiento como terapia de la angustia me parece que es una manera posible de enfrentar el problema (…) Un movimiento de relajación de las expectativas de aventura podría ser un comienzo para una nueva aventura”, expone el también activista y escritor.
A partir de ahora, pregúntate a qué le estás dando tu tiempo. Pero pregúntatelo lento. Bájale dos a esos estados de aceleración interna permanente. Detente. Porque tu vida está contenida allí, en esos segundos que pasan mientras corres a toda velocidad.
Fuentes:
Alonso, E. (15 de agosto de 2020). Silicon Valley: un monstruo grande que pisa fuerte. Los ojos de Saturno: https://losojosdesaturno.wordpress.com/2020/08/14/silicon-valley-un-monstruo-grande-que-pisa-fuerte/
Alonso, E. (25 de julio de 2021). Vivir a velocidad 2.0: los audios de Whatsapp. Exequiel Alonso: https://alonsoexequiel.com.ar/vivir-a-velocidad-2-0-los-audios-de-whatsapp/
Así podés acelerar la velocidad de los audios en WhatsApp (25 de mayo de 2021). Ámbito: https://www.ambito.com/informacion-general/whatsapp/asi-podes-acelerar-la-velocidad-los-audios-n5195440
Ausín, T. (29 de mayo de 2019). Saber vivir ‘despacito’: elogio de la lentitud desde la filosofía. Ethic: https://ethic.es/2019/05/prisa-despacito-elogio-de-la-lentitud-desde-la-filosofia/
Bauman, Z. (2005). Vida líquida. ESPA PDF. Obtenido de https://circulosemiotico.files.wordpress.com/2012/10/vida-liquida-zygmunt-bauman.pdf
¿Es bueno vivir apurado? (05 de abril de 2017). Qué Pasa: https://quepasamedia.com/noticias/a-corazon-abierto/es-bueno-vivir-apurado/
Fernández-Savater, A. (19 de octubre de 2018). “Volver a aburrirnos es la última aventura posible”: entrevista con Franco Berardi, Bifo. elDiario.es: https://www.eldiario.es/interferencias/volver-aburrirnos-franco-berardi-bifo_132_1880762.html
Geli, C. (07 de febrero de 2018). Byung-Chul Han.“Ahora uno se explota a sí mismo y cree que está realizándose”. El País: https://elpais.com/cultura/2018/02/07/actualidad/1517989873_086219.html
Lacámara, M. (06 de noviembre de 2020). El valor de vivir lento y abandonar los apuros. La Tercera: https://www.latercera.com/paula/el-valor-de-vivir-lento-y-abandonar-los-apuros/
Marazzita, C. (04 de agosto de 2018). Particularidades del siglo XXI. El síndrome de esta época, vivir apurados e hiperconectados. Clarín: https://www.clarin.com/sociedad/sindrome-epoca-vivir-apurados-hiperconectados_0_Byy0vvGHQ.html
Martínez Gallardo, A. (06 de marzo de 2013). Atención: vivimos en la era de la distracción. Pijamasurf: https://pijamasurf.com/2013/06/atencion-vivimos-en-la-era-de-la-distraccion/
Orellana Ochoa, F. [Fausto Orellana Ochoa]. (2020, 22 de abril). El multitasking cognitivo – Estanislao Bachrach [Video]. YouTube. https://www.youtube.com/watch?v=LkbJPikeyOw&ab_channel=FaustoOrellanaOchoa
Ramírez, P. (16 de mayo de 2015). La prisa como estilo de vida. El País: https://elpais.com/elpais/2015/05/14/eps/1431612138_703847.html
Respighi, E. (02 de febrero de 2021). Excesos por evitar “tiempos muertos”. Los daños colaterales del streaming. Página 12: https://www.pagina12.com.ar/321258-los-danos-colaterales-del-streaming
Valdano, C. (28 de mayo de 2017). El síndrome de vivir apurados y atareados. Psicóloga Corina Valdano: https://www.corinavaldano.com/blog/el-sindrome-de-vivir-apurados-y-atareados
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¿Por qué a todo el mundo si le importan realmente los Oscars?
Y si, en primer lugar y para entender de donde provienen los Oscars y sobre la base de en que están construidos los premios, hay que remontarse a 1929 cuando ocurrió la primera gala de entregas en una breve cena privada con invitados exclusivos, que tuvo lugar como una iniciativa de algunos ejecutivos para limpiar la imagen de la industria en medio de escándalos internos en las producciones y distraer al personal de organizarse para hacer exigencias sobres sus propios derechos dentro la filmación de estas películas.
Así que, lo que comenzó siendo en definitiva una estrategia turbia de tapar todo aquello detrás del espectáculo que significan unos premios, otorgados aparentemente al mérito(Que de hecho antes de llamarse ‘Oscars’, tenían como nombre ‘Academy Award of Merit’) terminó representando con el tiempo la consolidación de una academia cuyo fin es sí, en primer lugar importante y en segundo lugar, también una forma de venderse como algo al talento mientras se permiten justificarse a sí mismos en sus narrativas, agendas, criterios, etc. La pregunta es ahora, ¿Y por qué no ?.
Veamos esto, si yo fuera Hollywood, y organizará y pagará con dinero de mi propia industria unos premios, mientras todos los demás solo están viendo y esperando a que se les vote o levantando la mano para que se le reconozca, puedo también al menos en tal sentido celebrarme y eso implica mirar más hacia las películas que yo hago. No significa que no pueda mirar también un poco a veces hacia afuera, si lo vemos desde un sentido de justicia hacia los otros, pero realmente la apertura hacia ese cine más global sería la excepción a la regla(con una razón real que explicaré más adelante) y no el común de unos premios cuya función es proyectarse desde una lógica interna y dar más peso a eso, sin duda.
Ojo, y se que quizás desde fuera podría cuestionarse no solo desde esa lógica, sino de éticamente cual es la función de que hoy existan, su relevancia e importancia, o de por qué responder como audiencia a algo que parece ajeno. Es que podríamos no darles demasiada atención, la verdad. Lo que sucede en ese caso, es que reprocharle a los Oscars de que se crean dueños del cine que no les pertenece, no funciona como queja, es un sin sentido.
Basar el argumento de que no nos importan los premios porque su relevancia se basa en perpetuar su visión del mundo como lo mejor del cine, es tan cierto como que también es cierto que fueron creados para eso y ya lo sabíamos. Así como eso si, sabemos también que el cine no solo no les pertenece sino que tampoco hacen el mejor cine, aunque decidan premiar a lo que sí creen mejor entre el cine que sí hacen, con todo derecho además.
Sin embargo, acá lo que yo más si considero inevitable e importante desde un punto de vista ético reconocer y analizar es que detrás de todo el criterio con el que se valora a una película como mejor que otra o por encima de otra, ha habido siempre detrás toda un maquinaría tan interesante y eficaz como feroz en precisamente lograr resultados para llamar la atención del mayor número de votantes posibles en la academia y que voten finalmente tu película. ¿Entonces que se premia sino es el talento en base al criterio cinematográfico? ¿Lobby? ¿Dinero? ¿Publicidad?.
Definitivamente todo esto y también al talento. No hay nadie no talentoso siendo nominado y premiado, por eso nos importan los Oscars, porque nos importa ser reconocido o ver el reconocimiento en el otro proyectados, pero claro, la competencia es injusta a veces porque se manejan campañas tan feroces, repito, de promoción que pueden terminar un valor sumando más que el talento propio o del otro.
Al final, eso es así, pero lo complicado de esto y en donde esta el problema, es que también definir lo que es talento o que es mejor en el arte, es un escenario de debate que está abierto a un espacio tan relativo donde hay mil maneras en las que un votante puede definir su criterio para ejercer el poder de ese voto. Nunca nadie va a estar complacido realmente y por eso la gente frunce el ceño y prefieren decir es que ¿saben que? no me importan los premios, los Oscars o cual sea, es que nadie es mejor que nadie. Estoy de acuerdo, aunque sea una mentira que no te importen.
Les importa aún a muchas otras audiencias en el mundo que han pedido tener mayor representación para ser parte de una cuota más internacional dentro de la academia, forzada a abrirse bajo la necesidad de poder mantenerse. Razón, lo digo ahora si, bajo ese interés, por la que miran un poco más hacia el cine de fuera en los últimos años intentando captar audiencias donde antes no era necesario buscar. Hay más, prensa especializada que dedica tiempo de trabajo periodístico al mercado del cine relacionado con la temporada de premios. Interesa a los artistas que se someten a campañas tremendas para llamar la atención de sus perfiles y aprovechan toda esa publicidad personal. Le importa también a otros países o grandes o pequeños que ven posibilidad en proyectar su cine a través del reconocimiento de películas que son enviadas año a año para competir y ser nominadas y que, con lo cual no enviarían nunca nadie ninguna película si no fuera importante aún insistir. La presencia entonces de todo este mediano pero sólido nicho muy ostentoso, que proviene a su vez de una de las industrias más multimillonarias del mundo, capaz de mantenerse así misma y de mantener la dinámica que marca cada edición con todos los recursos que eso genera, son básicamente la respuesta a porqué los premios se sostienen en el siglo que vivimos a pesar de la falta de otros números.
Importan aunque, voy con esto, tienen que admitir quienes organizan estas premiaciones, que los números de personas que acuden cada año a conectarse son menos debido a la realidad en los nuevos formatos en que se busca contenido y al tratarse de un tipo de espectáculo anticuado que está lejos de parecerse a lo que si demanda este espacio generacional del presente, por más que se hayan hecho aparentes esfuerzos en sostenerse dentro de esa nueva modernidad, no son suficientes estos esfuerzos para equipararse con el nivel de consumo masivo que los premios tenían en el pasado. Hoy los Oscars parecen ser solo para gente específica y la academia lo sabe, por eso no hace demasiados cambios realmente en su forma. Y eso está bien, creo.
Por lo tanto, el análisis entre todos estos puntos da al final para varias conclusiones y es que tanto el medio artístico como el público en general puede hacer a su vez varias cosas frente a los Oscars y su supuesta irrelevancia. Radicalizarse en el desprecio por unos premios cuyo origen y precedente no es el de precisamente responder al ‘criterio cinematográfico’ y porque es en definitiva un negocio, nos quedamos con el juicio y valoramos a las películas de la lista por lo que son más que por lo que representan en el contexto de una premiación, lo cual creo que es la forma adecuada de valorarlas, o nos quedamos con el espectáculo y lo que eso nos atrae sin más. O tal vez, ninguna de las anteriores.
De cualquier modo, los Oscars cada año vienen a ser parte de una realidad que se evidencia en el fenómeno cinematográfico que representa para quienes son parte. No es ni siquiera importante en determinar qué película es relevante más allá de la premiación, o al menos no ahora, pero dan prestigio. Porque la discusión acá no es sobre cine. Llámese cine comercial, de autor, etc. Donde sea que vivas, sin importar el país de donde venga tu película. La forma en cómo cada persona reacciona a una mención, la forma en cómo cada quien quiere ser parte, la forma en como todos quieren ser reconocidos, aunque no se admita, permiten al final una etiqueta de prestigio que es frustrante en silencio para quien no lo recibe, y celebrado en redes y agradecimientos públicos cuando sucede.
Actualidad
Oliver Kid, impulsa otro hit viral con “WAPA” de Jerry Di
El productor y Compositor venezolano anotó otro éxito
El productor y compositor venezolano Oliver Kid, reconocido por sus certificaciones multi platino y por alcanzar el puesto #1 en Billboard con el éxito global XCLUSIVO Remix, vuelve a encender las plataformas digitales con su más reciente trabajo: “WAPA”, el nuevo sencillo de Jerry Di lanzado bajo Universal Music Latino.
Estrenada durante la última semana de mayo de 2025, la canción ya supera los 5 millones de reproducciones en Spotify, posicionándose como uno de los lanzamientos más virales del momento.
Viviendo actualmente en la ciudad de Miami y rodeado de un mundo creativo que le permite expandir su talento, Oliver es un colaborador constante de artistas emergentes de la extensa industria musical latina; Produciendo y escribiendo singles que se convierten en éxitos, este talentoso artista no para de crear noticias.
Con producciones que han superado más de 300 millones de reproducciones, incluyendo un #1 en Billboard España y múltiples certificaciones de platino. Su inconfundible sonido, es una mezcla entre pop anglo y la esencia latina; convirtiéndose sin duda en uno de los productores y compositores más influyentes de la música latina actual.
Desde el 2024, firmó un contrato editorial con Kobalt Music, una editorial independiente con más influencia en la industria, manteniendo un catálogo de artistas que son referencia de la música a nivel global.
Si quieres saber más de Oliver chequea su IG, y contagiate de su poderoso talento: https://www.instagram.com/_oliverkid?igsh=Y3NpajlmbG1xb2V4
Actualidad
Miniso inaugura su tienda más grande en Caracas en el centro comercial Tolón
Miniso abrió su tienda más grande de Venezuela en el C.C. Tolón, con una colección exclusiva de productos de Stitch. Es la segunda apertura del año y prevé inaugurar 10 locales más en 2025
Miniso continúa su expansión en Venezuela con la inauguración de su tienda más grande de Caracas, ubicada en el centro comercial Tolón Fashion Mall, Las Mercedes. Este nuevo local se convierte en un punto de referencia para los fanáticos de la marca japonesa, gracias a su tamaño, variedad de productos y exclusividades.
La tienda ofrece la gama más amplia de artículos disponibles hasta ahora en el mercado local. Entre sus principales atractivos destaca una colección única de productos de Stitch, el icónico personaje de Disney, que solo podrá encontrarse en esta sucursal.
“Aquí podrán encontrar la gama más amplia de Stitch para Disney y Miniso Venezuela. Hay productos inclusive que no están en algunas tiendas, porque solamente aquí lo van a conseguir con la exclusividad del lanzamiento”, afirmó Uldarico Parra, Director de Miniso Venezuela.
Esta es la segunda apertura de Miniso en lo que va de 2025, como parte de su plan de crecimiento que contempla la apertura de 10 nuevas tiendas en el país antes de finalizar el año.
Con esta nueva tienda, Miniso refuerza su compromiso con el mercado venezolano, ofreciendo productos funcionales, de diseño atractivo y precios accesibles, en un espacio pensado para la comodidad del consumidor.
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Jorge Contreras
09/09/2021 at 9:42 AM
Excelente análisis y reflexión. Es impresionante los avances alcanzados que nos ha brindado la tecnología -hoy día en beneficio comunicacional, investigativo, del conocimiento universal, del acercamiento con otras naciones, lenguas etc. pero también es cierto que estos avances nos han hecho mucho mas individualistas, encerrados en nuestro propio mundo, nos han alejado del contacto humano y lo peor de la relación familiar, ese contacto directo necesario a escucharnos, entendernos y reflexionar, a amarnos y darnos ese espacio divino al roce, person tu person. Vale la pena pararnos un momento y meditar que hemos dejado a un lado por tanta información recibida por las redes sociales sin darnos el espacio a discutirla y analizarla con otros. Trabajar en las conclusiones que citas en tu artículo. Felicitaciones!!!
vanessac
09/09/2021 at 4:48 PM
¡Muchas gracias! Así es, se hace necesario bajar la velocidad. Degustar la vida es algo que se hace lento, no a las carreras. En cuanto a las tecnologías, siempre depende del uso que les demos a todas estas herramientas. Son parte de nuestro día a día. No vamos a dejar de convivir con ellas. Pero vale la pena hacer un uso más consciente de las plataformas. No hay que dejar que pasen a ser esa vía de escape para no enfrentar los momentos de pausa ni tampoco permitir que nos absorban sin darnos cuenta. Allí es en donde veo uno de los mayores conflictos.
¡Gracias por leer y por compartirnos tu opinión!