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Ser mujer

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Hace poco fue el Día de la Mujer y me pareció apropiado aprovechar la oportunidad para escribir un artículo -que ya tenía bastante tiempo rondando en mi cabeza- acerca de qué es ser mujer.

Si pones en el buscador esta pregunta, verás que hay alrededor de 1.050.000.000 resultados en diferentes portales. Abundan en la web desde blogs personales hasta artículos filosóficos con sus propias definiciones sobre lo que es ser mujer.

Muchas respuestas se asocian con la biología, otras con los ideales, con las creencias, con lo espiritual… En fin, hay un sinnúmero de interpretaciones.

Pero, sin duda alguna, una de las que más llamó mi atención era la que estaba relacionada con el concepto de lo femenino.

La Real Academia Española define a lo femenino como lo perteneciente o relativo a la mujer. Sin embargo, para algunas corrientes del pensamiento (como la psicología junguiana), lo femenino se asocia más con una suerte de energía que forma parte de la psique humana. Por consiguiente, es común tanto para hombres como para mujeres.

Yo me inclino más por esta percepción de lo femenino. Lo veo como esa capacidad de ser empático, intuitivo, maternal y sensual. Nada que ver con si naciste como mujer u hombre, o con si te sientes una cosa o la otra. Todos tenemos una carga femenina en nuestro interior y, de acuerdo a nuestras experiencias y consolidación de la personalidad, conectaremos en mayor o menor medida con lo femenino o con lo masculino. Es decir, femenino no es sinónimo de mujer, así como masculino no es sinónimo de hombre.

Si le preguntas a las personas qué es ser mujer, encuentras respuestas variopintas. Algunas muy románticas como “son vida” o “la manifestación de Dios en la tierra”. Otras más apegadas a lo biológico como “son las que pueden ser madres”, “tienen vagina y menstrúan”. Otras tantas, en cambio, más idealistas como “son fuerza, corazón y amor”, “guerreras incansables”, “todoterreno…”.

En fin, un montón de respuestas que no me atrevo a considerar como correctas o erradas, porque, sencillamente, corresponden a la idea que cada individuo tiene de lo que es ser mujer.

Me parece entonces pertinente considerar que “mujer” no es más que un símbolo. Tengamos presente que un símbolo es un elemento con un significado que varía de acuerdo al sistema de creencias de cada individuo y a los acuerdos colectivos a los que se hayan llegado, en función de aquel, en la sociedad en la que se desenvuelve.

Es decir, cada persona entiende por mujer aquello a lo que se ha visto expuesto y que identifica con dicho término. Por eso no nos debe sorprender que, si nos preguntan por ella, pensemos en nuestra madre, abuela, hermana, hija, maestra, amiga o, incluso, en nosotras mismas. Es, sencillamente, la imagen que tenemos de este símbolo.

La concepción entonces de lo que es ser mujer está rodeada por un conjunto de ideas que se asocian con la maternidad, lo femenino, la “debilidad” y la “fortaleza”. Estas dos últimas pueden variar en diferentes culturas, pero ambas comparten un punto. Lo mismo pasa con aquellas ideas románticas que muchos mitos e historias han vendido durante años y que, naturalmente, forman parte de las creencias de nuestra sociedad.

Simone de Beauvoir dijo que “no se nace mujer, se llega a serlo”. Es una idea que establece que, con el pasar del tiempo, las experiencias de la vida te llevarán a entender e integrar los diferentes conceptos que conforman el ser mujer. Cosa que, si al caso vamos, no debería ser propia solo de ella o del hombre. Las experiencias de la vida deberían llevarte sencillamente a entender lo que significa ser persona.

En la humanidad, siempre ha existido un patrón que se debe seguir para ser una cosa o la otra. Estos patrones cambian con el tiempo, pero debemos aceptar que nunca desaparecerán. En el caso de la mujer, vemos cómo años atrás la idea era ser sumisa, amorosa y complaciente, mientras que ahora es todo lo contrario. La mujer debe ser fuerte, independiente y empoderada.

Decir que el quehacer diario o las decisiones de la vida determinan si serás mujer o no está sobrevalorado y es poco acertado. Si nos vamos a las ideas que rodean a este constructo, ¿la que (por cuestiones naturales) es estéril es menos mujer?, ¿la que no conecta en gran medida con los elementos de lo femenino no es mujer?, ¿la que decidió ser soltera hasta el final de su vida es menos mujer?, ¿la que no quiso ir a la universidad es menos mujer?, ¿la que decidió crecer profesionalmente es menos mujer? o ¿la que decidió quedarse en su casa cuidando de sus hijos es menos mujer?

Serlo nada tiene que ver con esto o con las opiniones de terceros. No es una cosa de roles o comportamiento. Es más una cosa de sentir, y es por ello que no hay -ni habrá- una definición acertada sobre este término. Es una vivencia y experiencia de la vida. Se entiende solo cuando se vive y es menester individual determinar si eres o no una mujer.

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2 Comments

2 Comments

  1. Alvaro D'Marco

    15/03/2022 at 7:05 PM

    Excelente texto. Muy bien argumentado.

  2. Walter

    16/03/2022 at 8:46 PM

    Me gusta.

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Regalo del clima en los Andes: Pico Espejo se cubre de nieve en plena

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Hay coincidencias que parecen planificadas por un guionista. Este domingo, mientras la conversación en redes sociales aún giraba en torno a la reactivación del Teleférico Mukumbarí tras sus trabajos de mantenimiento eléctrico, la naturaleza decidió poner la guinda al pastel: una nevada impresionante tiñó de blanco absoluto el Pico Espejo, ubicado a más de 4.700 metros sobre el nivel del mar.

El fenómeno no solo regaló estampas de postal a los primeros visitantes de la jornada, sino que activó de inmediato el flujo turístico en la región andina. La coincidencia exacta entre la reapertura de la quinta y última estación del sistema teleférico más alto del mundo y este evento climático convirtió la jornada en un hito para el turismo local, que llevaba semanas atento a los avances en la infraestructura eléctrica del complejo.

Un impacto inmediato en el turismo local

Más allá del espectáculo visual —que ya inundó plataformas como Instagram y TikTok con imágenes de la cordillera cubierta de nieve—, el suceso tiene un peso económico y simbólico estratégico. Tras el período de pausa técnica para garantizar la operatividad de los cables y motores, el sector comercial y hotelero de Mérida necesitaba un impulso claro de temporada. La respuesta de la montaña funcionó como el mejor gancho publicitario posible, generando un despliegue masivo de viajeros hacia la zona alta del Parque Nacional Sierra Nevada.

Entre la fascinación y el protocolo de seguridad

Frente a la ráfaga de visitantes que ya recorre la zona alta, las autoridades regionales y los cuerpos de rescate desplegaron un operativo especial de orientación. El entusiasmo generalizado contrasta con las exigencias técnicas que implica la alta montaña bajo condiciones severas:

Equipamiento y salud: Es indispensable el uso de indumentaria térmica adecuada para mitigar el impacto de temperaturas que rondan los cero grados. Se reitera el llamado a respetar los tiempos de aclimatación en cada estación previa para evitar episodios de mal de montaña o hipotermia.

Precaución en la red vial: La densidad de la neblina ha reducido drásticamente la visibilidad en las vías de acceso a los sectores Trasandino y El Morro. Cuerpos de seguridad recomiendan transitar a baja velocidad, mantener luces antiniebla encendidas y atender las indicaciones en los puntos de control.

La reapertura total del Mukumbarí, sumada a esta nevada histórica de inicio de temporada, consolida a Mérida nuevamente como el epicentro indiscutible del turismo de montaña en el país.

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El Mundial 2026: La gran cita que redefinió la historia del fútbol

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La Copa Mundial de la FIFA 2026 no solo cumplió con las enormes expectativas depositadas en ella, sino que transformó por completo el paradigma del deporte rey. Al cumplirse la gran fiesta del fútbol organizada de manera conjunta por Estados Unidos, México y Canadá, el torneo dejó una huella imborrable gracias a un formato inédito y emociones que perdurarán en la memoria colectiva.

Un torneo de proporciones históricas

Por primera vez en la historia de los mundiales, el certamen contó con la participación de 48 selecciones, expandiendo las fronteras de la competitividad global y permitiendo que más naciones vivieran el sueño máximo del balompié. A lo largo de 39 días intensos —del 11 de junio al 19 de julio—, los 16 estadios repartidos en Norteamérica albergaron un total de 104 partidos que mantuvieron al planeta al borde del asiento.

Desde el partido inaugural en el colosal Estadio Azteca de Ciudad de México hasta la gran final en el MetLife Stadium de Nueva York/Nueva Jersey, la diversidad cultural y la pasión de las hinchadas se sintieron en cada rincón.

Momentos cumbre y sorpresas memorables

La fase de grupos y las eliminatorias directas entregaron duelos vibrantes, sorpresas mayúsculas y consagración de nuevas potencias. Instancias como la ronda de 32 y los octavos de final regalaron cruces dramáticos decididos en los minutos finales y desde la tanda de penales, demostrando que la distancia competitiva entre las distintas confederaciones se acorta cada vez más.

Entre los momentos más comentados destacaron las actuaciones estelares de figuras consolidadas y la irrupción de selecciones que desafiaron los pronósticos en los escenarios de Estados Unidos, México y Canadá.

El desenlace: Gloria eterna en Nueva Jersey

La gran final disputada el 19 de julio en el área de Nueva York/Nueva Jersey cerró con broche de oro un mes y medio de puro fútbol. En un duelo táctico, tenso y de pierna fuerte que se extendió hasta el tiempo extra, España se impuso por la mínima ante Argentina (1-0), logrando así alzar su segunda estrella mundial y coronando una campaña impecable.

El Mundial 2026 cerró su telón dejando un legado imborrable: demostró que el fútbol es un lenguaje universal capaz de unir a tres naciones y conectar a miles de millones de espectadores bajo una misma pasión.

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¿Por qué a todo el mundo si le importan realmente los Oscars?

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Y si, en primer lugar y para entender de donde provienen los Oscars y sobre la base de en que están construidos los premios, hay que remontarse a 1929 cuando ocurrió la primera gala de entregas en una breve cena privada con invitados exclusivos, que tuvo lugar como una iniciativa de algunos ejecutivos para limpiar la imagen de la industria en medio de escándalos internos en las producciones y distraer al personal de organizarse para hacer exigencias sobres sus propios derechos dentro la filmación de estas películas.

Así que, lo que comenzó siendo en definitiva una estrategia turbia de tapar todo aquello detrás del espectáculo que significan unos premios, otorgados aparentemente al mérito(Que de hecho antes de llamarse ‘Oscars’, tenían como nombre ‘Academy Award of Merit’) terminó representando con el tiempo la consolidación de una academia cuyo fin es sí, en primer lugar importante y en segundo lugar, también una forma de venderse como algo al talento mientras se permiten justificarse a sí mismos en sus narrativas, agendas, criterios, etc. La pregunta es ahora, ¿Y por qué no ?.

Veamos esto, si yo fuera Hollywood, y organizará y pagará con dinero de mi propia industria unos premios, mientras todos los demás solo están viendo y esperando a que se les vote o levantando la mano para que se le reconozca, puedo también al menos en tal sentido celebrarme y eso implica mirar más hacia las películas que yo hago. No significa que no pueda mirar también un poco a veces hacia afuera, si lo vemos desde un sentido de justicia hacia los otros, pero realmente la apertura hacia ese cine más global sería la excepción a la regla(con una razón real que explicaré más adelante) y no el común de unos premios cuya función es proyectarse desde una lógica interna y dar más peso a eso, sin duda.

Ojo, y se que quizás desde fuera podría cuestionarse no solo desde esa lógica, sino de éticamente cual es la función de que hoy existan, su relevancia e importancia, o de por qué responder como audiencia a algo que parece ajeno. Es que podríamos no darles demasiada atención, la verdad. Lo que sucede en ese caso, es que reprocharle a los Oscars de que se crean dueños del cine que no les pertenece, no funciona como queja, es un sin sentido.

Basar el argumento de que no nos importan los premios porque su relevancia se basa en perpetuar su visión del mundo como lo mejor del cine, es tan cierto como que también es cierto que fueron creados para eso y ya lo sabíamos. Así como eso si, sabemos también que el cine no solo no les pertenece sino que tampoco hacen el mejor cine, aunque decidan premiar a lo que sí creen mejor entre el cine que sí hacen, con todo derecho además.

Sin embargo, acá lo que yo más si considero inevitable e importante desde un punto de vista ético reconocer y analizar es que detrás de todo el criterio con el que se valora a una película como mejor que otra o por encima de otra, ha habido siempre detrás toda un maquinaría tan interesante y eficaz como feroz en precisamente lograr resultados para llamar la atención del mayor número de votantes posibles en la academia y que voten finalmente tu película. ¿Entonces que se premia sino es el talento en base al criterio cinematográfico? ¿Lobby? ¿Dinero? ¿Publicidad?.

Definitivamente todo esto y también al talento. No hay nadie no talentoso siendo nominado y premiado, por eso nos importan los Oscars, porque nos importa ser reconocido o ver el reconocimiento en el otro proyectados, pero claro, la competencia es injusta a veces porque se manejan campañas tan feroces, repito, de promoción que pueden terminar un valor sumando más que el talento propio o del otro.

Al final, eso es así, pero lo complicado de esto y en donde esta el problema, es que también definir lo que es talento o que es mejor en el arte, es un escenario de debate que está abierto a un espacio tan relativo donde hay mil maneras en las que un votante puede definir su criterio para ejercer el poder de ese voto. Nunca nadie va a estar complacido realmente y por eso la gente frunce el ceño y prefieren decir es que ¿saben que? no me importan los premios, los Oscars o cual sea, es que nadie es mejor que nadie. Estoy de acuerdo, aunque sea una mentira que no te importen.

Les importa aún a muchas otras audiencias en el mundo que han pedido tener mayor representación para ser parte de una cuota más internacional dentro de la academia, forzada a abrirse bajo la necesidad de poder mantenerse. Razón, lo digo ahora si, bajo ese interés, por la que miran un poco más hacia el cine de fuera en los últimos años intentando captar audiencias donde antes no era necesario buscar. Hay más, prensa especializada que dedica tiempo de trabajo periodístico al mercado del cine relacionado con la temporada de premios. Interesa a los artistas que se someten a campañas tremendas para llamar la atención de sus perfiles y aprovechan toda esa publicidad personal. Le importa también a otros países o grandes o pequeños que ven posibilidad en proyectar su cine a través del reconocimiento de películas que son enviadas año a año para competir y ser nominadas y que, con lo cual no enviarían nunca nadie ninguna película si no fuera importante aún insistir. La presencia entonces de todo este mediano pero sólido nicho muy ostentoso, que proviene a su vez de una de las industrias más multimillonarias del mundo, capaz de mantenerse así misma y de mantener la dinámica que marca cada edición con todos los recursos que eso genera, son básicamente la respuesta a porqué los premios se sostienen en el siglo que vivimos a pesar de la falta de otros números.

Importan aunque, voy con esto, tienen que admitir quienes organizan estas premiaciones, que los números de personas que acuden cada año a conectarse son menos debido a la realidad en los nuevos formatos en que se busca contenido y al tratarse de un tipo de espectáculo anticuado que está lejos de parecerse a lo que si demanda este espacio generacional del presente, por más que se hayan hecho aparentes esfuerzos en sostenerse dentro de esa nueva modernidad, no son suficientes estos esfuerzos para equipararse con el nivel de consumo masivo que los premios tenían en el pasado. Hoy los Oscars parecen ser solo para gente específica y la academia lo sabe, por eso no hace demasiados cambios realmente en su forma. Y eso está bien, creo.

Por lo tanto, el análisis entre todos estos puntos da al final para varias conclusiones y es que tanto el medio artístico como el público en general puede hacer a su vez varias cosas frente a los Oscars y su supuesta irrelevancia. Radicalizarse en el desprecio por unos premios cuyo origen y precedente no es el de precisamente responder al ‘criterio cinematográfico’ y porque es en definitiva un negocio, nos quedamos con el juicio y valoramos a las películas de la lista por lo que son más que por lo que representan en el contexto de una premiación, lo cual creo que es la forma adecuada de valorarlas, o nos quedamos con el espectáculo y lo que eso nos atrae sin más. O tal vez, ninguna de las anteriores.

De cualquier modo, los Oscars cada año vienen a ser parte de una realidad que se evidencia en el fenómeno cinematográfico que representa para quienes son parte. No es ni siquiera importante en determinar qué película es relevante más allá de la premiación, o al menos no ahora, pero dan prestigio. Porque la discusión acá no es sobre cine. Llámese cine comercial, de autor, etc. Donde sea que vivas, sin importar el país de donde venga tu película. La forma en cómo cada persona reacciona a una mención, la forma en cómo cada quien quiere ser parte, la forma en como todos quieren ser reconocidos, aunque no se admita, permiten al final una etiqueta de prestigio que es frustrante en silencio para quien no lo recibe, y celebrado en redes y agradecimientos públicos cuando sucede.

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