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Deja que te cuente: El Silbón

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La memoria es el oxígeno de las historias. Sin ella no persisten y, en su ausencia, el olvido las borra hasta hacerlas desaparecer sin que medie retentiva alguna que valga. Una vez consumado su extravío no solo dejaremos de traerlas al presente por cuenta propia. Va más allá de desterrarlas del recuerdo. Una vez las olvidemos habrán dejado de existir como si nunca nadie las hubiese contado. Olvidar es invalidar la existencia.

Imagínense si careciéramos de todo pasado, si viviéramos cada día haciendo tabula rasa y si quedáramos permanentemente con la mente en blanco. Constantemente viviríamos naciendo. No forjaríamos lazos ni tendríamos recuerdos. Y a falta de raíces, flotaríamos a la deriva sin podernos asentar. Nuestro nombre nos resultaría ajeno; la imagen nuestra, una farsa; y nuestro propio cuerpo, una imprecisión. Sin relatos que contar (o contarnos) no nos podríamos reconocer.

Lo comentaba anteriormente en la primera entrega de este nuevo segmento sobre mitos y leyendas venezolanas. Del acto de narrar, aflora el individuo y todo su mundo. Lo mismo pasa con las sociedades. Están hechas de historias. Y con toda razón autores como la investigadora tinaquillera Carmen Pérez Montero han afirmado que una sociedad sin memoria carece de toda identidad.

No estoy diciendo con esto que seamos nuestro pasado. Pero sí las historias que nos contamos. Somos eso que decimos de nosotros y también eso que narramos del mundo. Es de todos esos relatos que estamos hechos. Ellos exhiben nuestra identidad.

¿Qué guarda la memoria colectiva sino fragmentos de quienes somos? La historia que alberga (con sus mitos, sus cantares, sus tradiciones y leyendas…) es expresión de nuestra cultura. En su libro Mitos y leyendas del estado Portuguesa (2014), Pérez Montero expresa que lo “folclórico es lo tradicional, lo que tiene larga trayectoria”, lo que hemos “conservado y transmitido de generación en generación” (p. 25). De modo que ser partícipes de nuestro folclore es encontrarnos de frente con eso que nos une, que nos ha explicado y nos explica como sociedad y que da cuenta de nuestros valores. Es la carta de presentación para el extranjero y el mapa de orientación para el nativo.

Recordar, entonces, se vuelve necesidad sobre todo en estos tiempos volátiles en los que el olvido está a la orden del día. Hay que narrar para mantener vivas las historias. Porque nos debemos a ellas. No las podemos volver desechables.

En esta ocasión, quise traerles una de las leyendas folclóricas más extendidas de Venezuela, que viene a ser, además, la primera manifestación mágico-folclórica del estado Portuguesa según Montero. Dado el título, seguramente ya saben de cuál estoy hablando. Es una leyenda que surgió en nuestros llanos, en esas regiones rurales, mágicas, de inmensas sabanas que suelen ser destino frecuente de nuestros espectros. Hoy por hoy, todavía sigue muy vigente en la conciencia de nuestra sociedad, sobre todo en la de nuestros coterráneos que habitan en las regiones centro-occidentales del país. Y es que incluso pobladores de estados como Portuguesa, Barinas y Cojedes aseguran que todavía se pueden escuchar los signos auditivos de su presencia.

El Silbón (como se le conoce posiblemente desde mediados del siglo XIX) ha sobrevivido al paso del tiempo gracias a la tradición oral. Ya entraremos en detalles, pero la versión más extendida narra la historia de un hijo que mató a su padre para comerse sus vísceras. Dado lo anterior, la novelista y cronista venezolana Mercedes Franco, autora del libro ¡Vuelven los fantasmas! (1996), piensa que el hecho podría remontarse a la década de 1850 o 1860, un período signado por la pobreza y la miseria de la posguerra.

Muchos, sean grandes o chicos, le siguen temiendo cuando cae la noche, especialmente en los días de mayo, que es cuando suele aparecer. Porque es el mes de los espantos. Las épocas de aguaceros en la sabana le abren la puerta de entrada a lo sobrenatural. Y entonces las sombras prescinden de cuerpos, visten sombreros y espantan, mientras la oscuridad complotada con los chubascos les sirven de abrigo. Por eso allí, en la noche, El Silbón se siente amparado. Al compás de lluvias torrenciales y relámpagos, anuncia su llegada silbando y haciendo sonar los huesos que carga sobre su espalda en un costal.

Inspirado por las andanzas de este personaje, el compositor y poeta guanariteño Dámaso Delgado escribió, en 1966, una pieza que transmitieron emisoras radiales de todo el país y que el tiempo convirtió en un clásico de nuestro folclore luego de ser producida un año después. En su obra El Silbón, el escritor criollo relata el encuentro entre el legendario espectro y Juan Hilario, un hombre llanero parrandero y mujeriego oriundo del estado Portuguesa.

“Hilarión” o “Juan Parrandas”, como también se le conoce a la desventurada víctima, caminaba por tierras llaneras una noche lluviosa de mayo con la intención de asistir a un guateque cuando se encontró con José Juan, quien le aconsejó que no fuera.

“No vayas para la fiesta

te dijeron Juan Hilario,

que en tierras de Portuguesa

va un espanto desandando,

que en tierras de Portuguesa

va un espanto desandando”

Pero, incrédulo y burlón, desatendió las advertencias y siguió su camino sin imaginarse que, no mucho después, una ráfaga de silbidos extraños precederían la aparición del espectro. Al encuentro, le siguió una pelea en la que Juan Hilario tuvo todas las de perder hasta que, presa del espanto (y estando él desmayado), salieron en su rescate. Del susto, no le quedaron más ganas de parrandear.

Con lo anterior, se puede deducir que los fiesteros y los borrachos son sus víctimas favoritas. Cuentan que los ataca para succionarles el aguardiente a través del ombligo. Pero no son sus únicas presas. Armada con un palo, esta alma en pena también va al acecho de mujeriegos para guardar sus huesos en su saco luego de descuartizarlos completos. Y los inocentes tampoco se salvan…

Sea como sea, abundan las anécdotas de propios y extraños que aseguran haberlo escuchado en una de tantas noches de lluvia. No sorprende, siendo que el “aparato” (como suelen referirse a él los habitantes de estas regiones) habita los llanos desde tiempos muy remotos. Todo el mundo lo conoce en la sabana. Y como ha andado de boca en boca generación tras generación, tantísimo se ha dicho y tantísimo más se sigue diciendo sobre él. Pero no todos se ponen de acuerdo.

En la pieza que compuso Dámaso Delgado, el autor asegura que El Silbón nació en Guanarito, estado Portuguesa. Sin embargo, hay quienes prefieren ubicar su lugar de nacimiento en el pueblo barinés conocido como el Bijao. De lo que sí no hay duda es de que es exclusivo de esas llanuras, aunque luego emergieron versiones que traspasaron incluso las fronteras.

Hay muchísimas versiones sobre quién fue nuestro personaje antes de convertirse en un espectro. Una de ellas (la más difundida) cuenta que se llamaba Joaquín Flores y que nació en algún lugar de nuestros llanos centro-occidentales. Hijo de Carolina Flores y de Rosendo Silva, fue extremadamente consentido durante su infancia. Nunca le decían que no. Siempre lo complacían. Y todo se lo permitían sin nunca contrariarlo. De esta forma, creció siempre colmado de toda clase de mimos. Pero aquella crianza, antes que convertirlo en un hombre agradecido, le pasaría factura a su familia con los años.

Una noche Joaquín exigió asaduras de venado para cenar. Y, con el afán de complacer al caprichoso muchacho, su padre salió de inmediato de caza. Pero allí, a la intemperie, la suerte no le sonrió. Sin lograr hacerse con ninguna presa, Rosendo se resigna a volver a casa con las manos vacías después de varias horas. Entretanto Joaquín, que se había cansado de esperar, sale a buscarlo. De modo que no pasó mucho tiempo antes de que padre e hijo se encontraran. Según cuenta la tradición oral, a Joaquín se le sulfuraron tanto, pero tantísimo los ánimos al verlo sin su cena que arremetió contra él, lo mató y le sacó las entrañas con el cuchillo de caza. Luego se fue. El cuerpo lo dejó tirado al amparo de las bestias y las asaduras paternas se las llevó hasta su casa para que su madre, sin conocimiento de lo sucedido, se las cocinara.

El hígado, el corazón y los pulmones de Rosendo ahora eran sancochados por la inocente Carolina, quien pronto advirtió que las vísceras no se ablandaban como de costumbre. Pero no tuvo que interrogar mucho a Joaquín cuando este le confesó, sin ningún remordimiento, toda la verdad.

Su abuelo paterno, que estaba por allí cerca, escuchó toda la conversación y, como represalia por el acto despreciable de su nieto, lo hizo atar a un poste en medio del campo para despellejarle la espalda a latigazos con un mandador. Teniendo la piel irritada, en carne viva y sangrante, enseguida mandó a restregarle las heridas con aguardiente, ají picante y limón. Y cuando fue liberado para ser desterrado para toda la vida, su abuelo lo maldijo y lo mandó a perseguir por el perro Tureco para que nunca hallase descanso.

Hay quienes dicen que Joaquín tenía un hermano llamado Juan y que él lo castigó en conjunto con su abuelo. Lo cierto es que, a raíz de aquel suceso, Joaquín se transformaría en el tenebroso “aparato” conocido como Silbón.

Desde entonces, cargado con un saco contentivo de los huesos de su padre (o de sus víctimas), vagaría por las llanuras bajo la apariencia de un hombre joven, moreno, flaco, de casi seis metros de altura, vestido a la tradicional usanza llanera (con franela blanca, un pantalón arremangado hasta la rodilla, alpargatas y sombrero). Algunos señalan que va montado encima de un burro; otros, que el único animal que lo acompaña es el perro destinado a morderle los talones. 

En cuanto a los signos auditivos que anuncian su llegada, hay varios que son característicos de este espectro. Además de los relámpagos que anteceden su aparición, “el canilludo” (como también le dicen debido a su estatura) hace gala de su presencia con un silbido que para nadie pasa desapercibido. Quienes lo han escuchado describen que se pasea por las notas musicales en forma ascendente hasta fa y luego de forma descendente hasta si. Dicen que es un sonido escalofriante que, además, resulta engañoso, siendo que se escucha cercano cuando está lejos y lejano cuando está cerca. A ese silbido, se suma el ruido que hacen los huesos al chocar dentro de su saco y sus pasos sigilosos, en medio de la noche, siempre a la espera de atacar.

Los pobladores advierten que si una noche decide salirse de los caminos para visitar un hogar, hay que estar preparado para escucharlo contar los huesos de su costal desde la entrada. Porque en caso de que nadie se dé cuenta, el Silbón se cobrará una víctima de esa casa a la mañana siguiente.

Otra de las versiones sobre el origen del Silbón relata que, efectivamente, Joaquín fue muy mimado durante su infancia, pero contrasta con la anterior en el momento en el que el muchacho llega a la adolescencia. En esa etapa de su vida, Joaquín huye de casa y se entrega a toda clase de vicios que envilecen su humanidad. Comete crímenes. Roba, mata y, posteriormente, cansado de esa vida errante, regresa a casa. Allí sus padres lo reciben como si tan solo se hubiese ido de paseo. Lo llenan nuevamente de mimos. Y días después, cuando su padre lo invita para que se vayan juntos de cacería, aflora por un hecho mínimo su maldad.

La historia transcurre así. Rosendo y Joaquín caminaban por el bosque cuando se encontraron con un tronco torcido que les impidió continuar.

—Enderéceme ese palo —le exigió el hijo a su padre.

—¡Ay, hijo! Pero eso ya no se puede enderezar —respondió Rosendo—. Habría que haberlo hecho cuando estaba chiquito. Ya está muy grande, muy crecido. No se puede.

—¿O sea que usted sabía eso y no me enderezó? —replicó Joaquín molesto—. Me dejó crecer caprichoso, torcío, maluco, ¡con lo mucho que he sufrido!

Y en un ataque de ira, lo mató y lo despojó de sus entrañas. Lo que sigue (el que le llevara las vísceras a su madre y el posterior castigo de su abuelo) concuerda con la versión anterior.

Cosa parecida sucede con aquella que cuenta que Joaquín arremetió contra su padre porque se lo consiguió un día, al regresar a su casa, violando a su joven esposa. El desenlace es el mismo, a excepción de que, en esta versión, el hijo no manda a cocinar las entrañas.

El conocido locutor guariqueño Porfirio Torres conviene más con las dos primeras. En la interpretación que da a conocer sobre la leyenda, relata que efectivamente “es el ánima en pena de un hijo que mató a su padre para comerle las asaduras”. Pero no fue su abuelo ni su hermano quienes lo maldijeron, sino su madre. Fue ella quien lo condenó a vagar eternamente por la sabana cargando los huesos de su progenitor. Y quien mandó al perro Tureco para que le mordiera los talones por toda la eternidad.

Según cuenta el reconocido venezolano, sus víctimas no son nada más los hombres parranderos, sino también las mujeres a las que sorprende caminando solas. Aunque el destino más cruel, lo tienen deparado las embarazadas, a quienes asesina para “descansar en el alma inocente de sus criaturas”.

Esa interpretación parece coincidir con otra versión que ha sido muy difundida en los llanos orientales colombianos, en donde al personaje lo conocen como el Silbador o el chiflón. Pero únicamente con respecto a los desafortunados que el espectro escoge. Porque, en Colombia, al parecer es el alma en pena de un hombre mujeriego que adoraba parrandear. Por esos lares, dicen que murió en soledad y que, en ocasiones, tan solo busca la compañía de alguien para montar a caballo. Agregan, además, que su silbido anuncia la muerte de algún ser querido de quien lo escucha. Cuentan que si es grave, morirá un hombre; mientras que un silbido agudo presagia la muerte de una mujer.

Cabe aclarar que, aun con tantas versiones y con tantas posibilidades sobre la procedencia definitiva de la leyenda, no hay duda de que tuvo su origen en nuestras tierras. Así también lo aseguró el cronista barinense Alberto Pérez Larrarte en un escrito dedicado a la leyenda que publicó en su blog. Según comenta Pérez Larrarte, Wilfredo Bolívar (cronista de Araure) le contó que surgió basada en un hecho real y que ya, por la década de los sesenta, andaba en boca de todos. Al parecer, el que entonces era el cronista de Guanare, Rafael Roberto Gavidia, entrevistó a un trovador popular de aquellos tiempos y recogió la leyenda del Silbón para luego publicarla en la prensa de la localidad. De allí la tomó Dámaso Delgado como materia prima para, posteriormente, componer su exitosa obra literaria musical.

Lo demás es historia. La tradición oral fue la encargada de dotarla de tantas variantes y de hacerla recorrer tantos caminos. Hoy comparte muchas voces distintas que la relatan. De esa manera se ha mantenido viva a lo largo de los años.

Hoy por hoy, forma parte identitaria del folclore regional y nacional. Y, en el pasado, según cuentan autores como Carmen Pérez Montero “contribuyó por espacio de siglos a sostener los valores morales y éticos de la sociedad portugueseña” (Mitos y leyendas del estado Portuguesa, 2014, p. 153). Es una historia que, a pesar de lo siniestra que puede resultar, buscó modelar el comportamiento de las personas a través del espanto, lo que recuerda a la manera en como concluye uno de los copleros en la obra de Dámaso Delgado:

“El que vaya de parranda

que se vaya preparando

que si la noche lo agarra

el Silbón lo ´tá esperando,

que si la noche lo agarra

el Silbón lo ´tá esperando”

Sea que haya sucedido realmente o no, es un relato aleccionador como lo han sido otras tantas manifestaciones culturales. Al respecto, en su obra antes citada, Carmen Pérez Montero comenta lo siguiente:

Posible es que no haya existido, o que Joaquín Flores, el supuesto hijo de Carolina Flores y de Rosendo Silva, viviera en una época borrada por el tiempo. También es probable que el crimen realmente haya sido cometido por este personaje, y como en otros tiempos eran escasos los acontecimientos de esta naturaleza, la inteligencia del hombre llanero sacó provecho moral del asesinato y se hizo eco de la historia para que hechos semejantes no se repitieran. (Montero, p. 31)

Si pasó o no, no es lo importante. Lo rescatable, en todo caso, es la historia que se relata detrás de la necesidad de difundirla. Y los visos de verdad que esa ficción (si es que es ficción) esconde. Incluso, más allá de su credibilidad, resulta más enriquecedor preguntarse acerca de los elementos que la componen, como el nombre del perro destinado a atormentar al Silbón eternamente. Sobre eso, ya se han preguntado cronistas desde hace años. Es el caso de Wilfredo Bolívar, quien publicó en 1993 una crónica en el diario acarigüeño Última Hora sobre el mítico animal. Pérez Montero rescata uno de los párrafos de esa publicación para enriquecer el capítulo dedicado a este escalofriante personaje.

Recordemos que el perro ha recibido varios nombres a lo largo del tiempo, como Tudesco, Tudeco, Tureco e, incluso, el perro del Diablo. Al respecto de los tres primeros que se parecen, según explicó Bolívar, tudesco procede de la palabra germánica thiudiska, la cual, antes de pasar a hacer referencia a todo lo proveniente de Alemania, hacía más que nada alusión a una única región de ese país, así como a sus habitantes. Pero su uso luego se extendió, sobre todo de forma despectiva.

Incluso, según agrega la misma Pérez Montero, justo de esa forma los indígenas apodaban a uno de los conquistadores más cruentos que pasó por nuestro territorio durante el siglo XVI, el alemán Nicolás Federmann. Federmann, el más célebre de los representantes de los Welser, fue muy conocido y temido por sus prácticas sanguinarias que asolaron tantas vidas de nativos. Siendo así, no resulta extraño que en historias tan sombrías su alusión se mantuviera presente.

No queda más que decir que la tradición oral conserva nuestras memorias. Dar un vistazo por eso que se ha contado durante tantas generaciones es dar un paseo por nuestra historia. Por eso los relatos son cápsulas del tiempo; y nosotros, viajeros de líneas temporales cuando las narramos. Entonces no hay pasado ni futuro. Todo se vuelve un presente continuo en el que habitamos a la vez que otros que no tienen ya otra forma de existir que desde el recuerdo.

 

Fuentes:

Armas, M. (14 de marzo de 2011). La historia del Silbón. Vivencias llaneras del abuelo: http://cuentaelabuelo.blogspot.com/2011/03/la-historia-del-silbon-entrada-12.html

Casanova, F. (11 de mayo de 2010). La leyenda del Silbón de Venezuela. Historias de nuestra historia: https://hdnh.es/silbon-venezuela-2/

Ceniza, A. (27 de agosto de 2018). La leyenda del Silbón. Leyendas del mundo Ceniza: https://leyendasceniza.wordpress.com/tag/perro-espectral-llamado-tureco/

Delgado, D. (31 de marzo de 2011). Biografía. Don Dámaso Delgado: http://damasodelgado.blogspot.com/2011/03/biografia.html

Delgado, D. (03 de abril de 2011). Guión original de la Leyenda de: “El Silbón”. Don Dámaso Delgado: http://damasodelgado.blogspot.com/search/label/Gui%C3%B3n%20original%20de%20El%20Silb%C3%B3n

Franco, M. (2004). ¡Vuelven los fantasmas! (4ta ed.). Monte Ávila Editores Latinoamericana

García, R. [Roberth García]. (2014, 26 de junio). El Silbon – Espanto Venezolano [Video]. YouTube. https://www.youtube.com/watch?v=3UBld4ioAQs

González, B. (05 de diciembre de 2015). El Silbón. Wiki Bestial: https://bestial.fandom.com/es/wiki/El_Silb%C3%B3n

Jiménez, G. (31 de octubre de 2018). El Silbón: del hombre a la leyenda. Hechos Criollos: https://www.hechoscriollos.com.ve/el-silbon-del-hombre-a-la-leyenda/

La leyenda de “El Silbón” (16 de mayo de 2015). El pensante: https://elpensante.com/la-leyenda-de-el-silbon/

La leyenda del Silbón (10 de abril de 2013). Cronista Oficial del Municipio Barinas. Alberto Pérez Larrarte: http://cronistamunicipiobarinas.blogspot.com/2013/04/la-leyenda-del-silbon.html

Leyenda del silbón, sinfín o finfín (s.f.). Llanera: https://web.archive.org/web/20160418224753/http://www.llanera.com/llanos/?l=2033

Leyenda o Mito El Silbón (07 de agosto de 2010). Toda Colombia: https://www.todacolombia.com/folclor-colombia/mitos-y-leyendas/silbon.html

Monkey White Vinyl ́s. (2019, 05 de marzo). El Silbón – Leyenda Llanera Damaso Delgado__1_El Silvon La Leyenda Canta José Herrera [Video]. YouTube. https://www.youtube.com/watch?v=JpbWjDYw7Ag

Pérez Montero, C. (2014). Mitos y leyendas del estado Portuguesa. Fundación Empresas Polar. Obtenido de: https://bibliofep.fundacionempresaspolar.org/publicaciones/libros/mitos-y-leyendas-del-estado-portuguesa/

TikTak Draw. (2018, 12 de septiembre). El Silbón | Draw My Life [Video]. YouTube. https://www.youtube.com/watch?v=yG_ndlVeE8A

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2 Comments

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  1. Jorge Contreras

    22/09/2021 at 11:31 AM

    La narrativa venezolana sobre el silbón, que has traído para el deleite de tus lectores, es un aporte enriquecedor a la tradición de nuestro folclore. Contarnos esta historia sobre esas ocurrencias del lugareño llanero que inclusive a traspasado hasta el llano colombiano, como una historia llena de varias ocurrencias, es maravilloso porque forma parte de la cultura nuestra. Me encantó tu investigación.

    • vanessac

      04/10/2021 at 9:44 AM

      Muchas gracias por tu comentario. Me alegra mucho que disfrutaras la lectura. Siempre valdrá la pena conocer un poco más acerca de esas historias que han formado parte de nuestro imaginario por tantas generaciones. Es una forma de conectar con nuestras raíces. ¡Un abrazo grande!

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¿Por qué a todo el mundo si le importan realmente los Oscars?

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Y si, en primer lugar y para entender de donde provienen los Oscars y sobre la base de en que están construidos los premios, hay que remontarse a 1929 cuando ocurrió la primera gala de entregas en una breve cena privada con invitados exclusivos, que tuvo lugar como una iniciativa de algunos ejecutivos para limpiar la imagen de la industria en medio de escándalos internos en las producciones y distraer al personal de organizarse para hacer exigencias sobres sus propios derechos dentro la filmación de estas películas.

Así que, lo que comenzó siendo en definitiva una estrategia turbia de tapar todo aquello detrás del espectáculo que significan unos premios, otorgados aparentemente al mérito(Que de hecho antes de llamarse ‘Oscars’, tenían como nombre ‘Academy Award of Merit’) terminó representando con el tiempo la consolidación de una academia cuyo fin es sí, en primer lugar importante y en segundo lugar, también una forma de venderse como algo al talento mientras se permiten justificarse a sí mismos en sus narrativas, agendas, criterios, etc. La pregunta es ahora, ¿Y por qué no ?.

Veamos esto, si yo fuera Hollywood, y organizará y pagará con dinero de mi propia industria unos premios, mientras todos los demás solo están viendo y esperando a que se les vote o levantando la mano para que se le reconozca, puedo también al menos en tal sentido celebrarme y eso implica mirar más hacia las películas que yo hago. No significa que no pueda mirar también un poco a veces hacia afuera, si lo vemos desde un sentido de justicia hacia los otros, pero realmente la apertura hacia ese cine más global sería la excepción a la regla(con una razón real que explicaré más adelante) y no el común de unos premios cuya función es proyectarse desde una lógica interna y dar más peso a eso, sin duda.

Ojo, y se que quizás desde fuera podría cuestionarse no solo desde esa lógica, sino de éticamente cual es la función de que hoy existan, su relevancia e importancia, o de por qué responder como audiencia a algo que parece ajeno. Es que podríamos no darles demasiada atención, la verdad. Lo que sucede en ese caso, es que reprocharle a los Oscars de que se crean dueños del cine que no les pertenece, no funciona como queja, es un sin sentido.

Basar el argumento de que no nos importan los premios porque su relevancia se basa en perpetuar su visión del mundo como lo mejor del cine, es tan cierto como que también es cierto que fueron creados para eso y ya lo sabíamos. Así como eso si, sabemos también que el cine no solo no les pertenece sino que tampoco hacen el mejor cine, aunque decidan premiar a lo que sí creen mejor entre el cine que sí hacen, con todo derecho además.

Sin embargo, acá lo que yo más si considero inevitable e importante desde un punto de vista ético reconocer y analizar es que detrás de todo el criterio con el que se valora a una película como mejor que otra o por encima de otra, ha habido siempre detrás toda un maquinaría tan interesante y eficaz como feroz en precisamente lograr resultados para llamar la atención del mayor número de votantes posibles en la academia y que voten finalmente tu película. ¿Entonces que se premia sino es el talento en base al criterio cinematográfico? ¿Lobby? ¿Dinero? ¿Publicidad?.

Definitivamente todo esto y también al talento. No hay nadie no talentoso siendo nominado y premiado, por eso nos importan los Oscars, porque nos importa ser reconocido o ver el reconocimiento en el otro proyectados, pero claro, la competencia es injusta a veces porque se manejan campañas tan feroces, repito, de promoción que pueden terminar un valor sumando más que el talento propio o del otro.

Al final, eso es así, pero lo complicado de esto y en donde esta el problema, es que también definir lo que es talento o que es mejor en el arte, es un escenario de debate que está abierto a un espacio tan relativo donde hay mil maneras en las que un votante puede definir su criterio para ejercer el poder de ese voto. Nunca nadie va a estar complacido realmente y por eso la gente frunce el ceño y prefieren decir es que ¿saben que? no me importan los premios, los Oscars o cual sea, es que nadie es mejor que nadie. Estoy de acuerdo, aunque sea una mentira que no te importen.

Les importa aún a muchas otras audiencias en el mundo que han pedido tener mayor representación para ser parte de una cuota más internacional dentro de la academia, forzada a abrirse bajo la necesidad de poder mantenerse. Razón, lo digo ahora si, bajo ese interés, por la que miran un poco más hacia el cine de fuera en los últimos años intentando captar audiencias donde antes no era necesario buscar. Hay más, prensa especializada que dedica tiempo de trabajo periodístico al mercado del cine relacionado con la temporada de premios. Interesa a los artistas que se someten a campañas tremendas para llamar la atención de sus perfiles y aprovechan toda esa publicidad personal. Le importa también a otros países o grandes o pequeños que ven posibilidad en proyectar su cine a través del reconocimiento de películas que son enviadas año a año para competir y ser nominadas y que, con lo cual no enviarían nunca nadie ninguna película si no fuera importante aún insistir. La presencia entonces de todo este mediano pero sólido nicho muy ostentoso, que proviene a su vez de una de las industrias más multimillonarias del mundo, capaz de mantenerse así misma y de mantener la dinámica que marca cada edición con todos los recursos que eso genera, son básicamente la respuesta a porqué los premios se sostienen en el siglo que vivimos a pesar de la falta de otros números.

Importan aunque, voy con esto, tienen que admitir quienes organizan estas premiaciones, que los números de personas que acuden cada año a conectarse son menos debido a la realidad en los nuevos formatos en que se busca contenido y al tratarse de un tipo de espectáculo anticuado que está lejos de parecerse a lo que si demanda este espacio generacional del presente, por más que se hayan hecho aparentes esfuerzos en sostenerse dentro de esa nueva modernidad, no son suficientes estos esfuerzos para equipararse con el nivel de consumo masivo que los premios tenían en el pasado. Hoy los Oscars parecen ser solo para gente específica y la academia lo sabe, por eso no hace demasiados cambios realmente en su forma. Y eso está bien, creo.

Por lo tanto, el análisis entre todos estos puntos da al final para varias conclusiones y es que tanto el medio artístico como el público en general puede hacer a su vez varias cosas frente a los Oscars y su supuesta irrelevancia. Radicalizarse en el desprecio por unos premios cuyo origen y precedente no es el de precisamente responder al ‘criterio cinematográfico’ y porque es en definitiva un negocio, nos quedamos con el juicio y valoramos a las películas de la lista por lo que son más que por lo que representan en el contexto de una premiación, lo cual creo que es la forma adecuada de valorarlas, o nos quedamos con el espectáculo y lo que eso nos atrae sin más. O tal vez, ninguna de las anteriores.

De cualquier modo, los Oscars cada año vienen a ser parte de una realidad que se evidencia en el fenómeno cinematográfico que representa para quienes son parte. No es ni siquiera importante en determinar qué película es relevante más allá de la premiación, o al menos no ahora, pero dan prestigio. Porque la discusión acá no es sobre cine. Llámese cine comercial, de autor, etc. Donde sea que vivas, sin importar el país de donde venga tu película. La forma en cómo cada persona reacciona a una mención, la forma en cómo cada quien quiere ser parte, la forma en como todos quieren ser reconocidos, aunque no se admita, permiten al final una etiqueta de prestigio que es frustrante en silencio para quien no lo recibe, y celebrado en redes y agradecimientos públicos cuando sucede.

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Actualidad

Oliver Kid, impulsa otro hit viral con “WAPA” de Jerry Di

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El productor y Compositor venezolano anotó otro éxito

El productor y compositor venezolano Oliver Kid, reconocido por sus certificaciones multi platino y por alcanzar el puesto #1 en Billboard con el éxito global XCLUSIVO Remix, vuelve a encender las plataformas digitales con su más reciente trabajo: “WAPA”, el nuevo sencillo de Jerry Di lanzado bajo Universal Music Latino.

Estrenada durante la última semana de mayo de 2025, la canción ya supera los 5 millones de reproducciones en Spotify, posicionándose como uno de los lanzamientos más virales del momento.

Viviendo actualmente en la ciudad de Miami y rodeado de un mundo creativo que le permite expandir su talento, Oliver es un colaborador constante de artistas emergentes de la extensa industria musical latina; Produciendo y escribiendo singles que se convierten en éxitos, este talentoso artista no para de crear noticias.

Con producciones que han superado más de 300 millones de reproducciones, incluyendo un #1 en Billboard España y múltiples certificaciones de platino. Su inconfundible sonido, es una mezcla entre pop anglo y la esencia latina; convirtiéndose sin duda en uno de los productores y compositores más influyentes de la música latina actual.

Desde el 2024, firmó un contrato editorial con Kobalt Music, una editorial independiente con más influencia en la industria, manteniendo un catálogo de artistas que son referencia de la música a nivel global.

Si quieres saber más de Oliver chequea su IG, y contagiate de su poderoso talento: https://www.instagram.com/_oliverkid?igsh=Y3NpajlmbG1xb2V4

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Actualidad

Miniso inaugura su tienda más grande en Caracas en el centro comercial Tolón

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Miniso abrió su tienda más grande de Venezuela en el C.C. Tolón, con una colección exclusiva de productos de Stitch. Es la segunda apertura del año y prevé inaugurar 10 locales más en 2025

Miniso continúa su expansión en Venezuela con la inauguración de su tienda más grande de Caracas, ubicada en el centro comercial Tolón Fashion Mall, Las Mercedes. Este nuevo local se convierte en un punto de referencia para los fanáticos de la marca japonesa, gracias a su tamaño, variedad de productos y exclusividades.

La tienda ofrece la gama más amplia de artículos disponibles hasta ahora en el mercado local. Entre sus principales atractivos destaca una colección única de productos de Stitch, el icónico personaje de Disney, que solo podrá encontrarse en esta sucursal.

“Aquí podrán encontrar la gama más amplia de Stitch para Disney y Miniso Venezuela. Hay productos inclusive que no están en algunas tiendas, porque solamente aquí lo van a conseguir con la exclusividad del lanzamiento”, afirmó Uldarico Parra, Director de Miniso Venezuela.

Esta es la segunda apertura de Miniso en lo que va de 2025, como parte de su plan de crecimiento que contempla la apertura de 10 nuevas tiendas en el país antes de finalizar el año.

Con esta nueva tienda, Miniso refuerza su compromiso con el mercado venezolano, ofreciendo productos funcionales, de diseño atractivo y precios accesibles, en un espacio pensado para la comodidad del consumidor.

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